Sarah de Oliveira acumula 16 años de experiencia como jugadora profesional en Brasil, su país natal. Allí ha jugado en los mejores clubes y disputado los campeonatos más prestigiosos, pero desembarcar en Zaragoza era una oportunidad que no dudó en dejar escapar. Después de cinco meses en la capital aragonesa, ha solventado sus problemas con el idioma, valora la tranquilidad de la ciudad y se muere de ganas de ver a su hijo.
¿Cuándo empiezas a jugar a fútbol sala?
Desde pequeña ya me gustaba jugar en la calle y a los 16 años empecé a jugar en un club. Entre los 17 y los 18 años ya empecé a disputar algunos campeonatos y a jugar como profesional. Desde entonces nunca he parado de practicar el fútbol sala y he pasado por varios clubes de Brasil. Siempre he jugado al primer nivel, en equipos muy conocidos allí como Atlético Mineiro o Cruzeiro.
¿Cómo funcionan los campeonatos en Brasil?
En mi ciudad yo jugaba una competición que era la principal a nivel local. Son como tres etapas, tienes que ir ganando una por una hasta llegar a la categoría principal. Yo gané 10 campeonatos de mi ciudad y estuve en muchos clubes, compitiendo así en la copa de Brasil y en el sur de Brasil, Santa Catalina, donde están los principales equipos del país.
¿Por qué decides venir a jugar a Zaragoza?
Ya tuve dos propuestas antes para venir a jugar a España. Sala Zaragoza mostró mucho interés para que me incorporara al equipo y, ahora que ya soy más mayor, creo que era una oportunidad y decidí venir a jugar.
Una oportunidad, ¿en qué sentido?
En todos los aspectos. Tanto por el lado profesional como por la estabilidad de vida. Aquí tengo un salario y eso ya es más que en Brasil. Allí no pagan nada, solamente los desplazamientos o las comidas cuando vas a los partidos y campeonatos. Tener un contrato profesional da seguridad y me hizo interesarme en venir para ganar en estabilidad para mi vida y familia.
Porque tienes un hijo en Brasil…
Sí (sonríe). Acaba de cumplir 14 años ahora en enero. Tengo muchas ganas de verle. Nunca nos habíamos separado, venía conmigo a todas las competiciones. En octubre tendrá la oportunidad de venir para conocer la ciudad y, en caso de que esté contento, se quedará a vivir.
¿Cómo fue tu adaptación a Zaragoza?
Al principio tuve muchas dificultades para comunicarme y comprender. Ahora ya entiendo bastante, pero sigo teniendo algunos problemas para pronunciar bien el idioma. Tenía mucha vergüenza al principio para hablar. La ciudad me gusta mucho, es muy diferente a Brasil. La cultura, las costumbres, son muy diferentes.
¿Cuáles son las diferencias más notables?
Zaragoza es una ciudad muy tranquila, donde las personas respetan a las personas. Hay una cultura de respeto, diálogo y buen comportamiento. En Brasil hay mucha pobreza y la criminalidad está tomando el control de la ciudad. Eso me asusta mucho. Aquí es muy tranquilo, puedes salir, ir a cualquier sitio… y en Brasil no. Eres libre, pero en realidad no lo eres, porque tienes muchas limitaciones. Hay determinadas horas en las que se convierte en algo peligroso… He pasado mucho miedo. Aunque vivía en un barrio tranquilo, en todas las ciudades siempre acontecía algún crimen, alguna muerte, algún asalto… a todas horas. Y esa noticia se toma ya como algo normal. Me gusta mucho Zaragoza por esa tranquilidad.
Puedes decírmelo… ¿algo que no te guste?
El frío y el viento (se ríe), aunque ya estoy acostumbrándome. Donde yo vivía hacía frío, pero era más estable. Aquí con el viento y el cambio de temperaturas lo noto mucho.
Vives con Rapha y Denise, ¿te toca ejercer de mamá?
¡Sí! (se ríe). Con ellas estoy muy bien. Además, como las tres hablamos brasileño, me ayudó mucho a estabilizarme. Cuando llegué aquí me asusté porque todo el mundo hablaba muy rápido y yo no entendía nada. Así me fui acostumbrando poco a poco. El idioma se parece, hay muchas cosas parecidas, pero otras se dicen igual y tienen significado diferente.
Me has hablado de la diferencia cultural, ¿y la diferencia futbol